miércoles, 6 de febrero de 2013

AMORES SALADOS

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En una de las tantas vertientes hacia un océano cualquiera, donde lo salado se difumina en dulce y las aguas van tierra adentro, un par de salmones protagonizan esta historia:
-Olga, ¿No vamos a desovar esta temporada? Ya es tiempo. 
-No. ¡Qué descaro tienes Paco de pedirme eso! 
- Pero mi vida... ¿Por qué me hablas así mi reina?. 
-Qué reina ni qué carajo. Desde ya te digo que busques otra que te crea todos tus cuentos de río. 
- Ya te han venido con chismes Olga. Confiesa, te ponen en mi contra esas catalanas mentirosas y cuenteras. 
-Así es, ellas mismas fueron. Son mis amigas y me han abierto las agallas. 
-Harpías, ¿Que te han dicho? 
-Todo, me lo han dicho todo. ¿Que acaso creías que nadie se iba a enterar de la rochela que montaste en Jamaica revolcándote con esas sardinas resbalosas? 
-Mienten. ¡viejas lamparosas! 
-Sin insultos Paco, y perdona pero yo me voy. Hay que nadar corriente arriba y me canso mucho, pero en cuanto llegue te juro que le suelto el cargamento al primero que pase. 

El agua se agitó por el violento golpe de la cola de Olga, llena de indignación y rabia. Paco quedó cabizbajo mientras veía al pez de su vida perderse en la distancia.
Comenzaba la lucha por nadar contra una corriente donde morir es seguro y sobrevivir es improbable. 
                      
**
En el delta luminoso los bancos de salmones proyectaban una mancha rosada que poco a poco se adentraba en las aguas del caudaloso río. Paco nadaba entre miles de salmones que luchaban por subir la cuesta de unas aguas cada vez menos profundas e infestadas de peligro. Haciendo acopio de fuerzas logró adelantarse a todos y en pocos minutos reconoció la inconfundible estela que dejaba a su paso Olga, que ciegamente avanzaba por delante del banco de peces, solitaria y vulnerable. 
-¡Olga espera! No te adelantes que es muy peligroso ¡Espérame!
-Dile lo mismo a tus amigas las sardinas, no voy a escucharte más…
Paco miró horrorizado el inesperado zarpazo color marrón que rasgó en dos el velo del agua y lanzó a su amada contra el fondo. Momentáneamente aturdida Olga se paralizó ante la cercanía del oso pardo que se le echaba encima.
-Nada Olga, no pares de nadar ¡Que no te agarre! 
Paco no lo pensó dos veces y buscando las patas del oso se puso delante de sus fauces abiertas en una temeraria maniobra de distracción. El oso fijó su mirada en él, dispuesto a atraparle. 
-Paco mi vida, ¡en verdad me quieres! 
-¿Y todavía lo dudas? Solamente a mí se me ocurre hacer estas cosas, ¡Nada chica, que nos matan! 
El cardumen de salmones ya había invadido el recodo del río y el oso confundido no sabía de donde escoger, entre una y otra escaramuza el inmenso plantígrado salió del río con una presa entre los dientes. Paco y Olga lograron salvarse de milagro. 
-¿A quien se comió? Olga estaba sinceramente asustada.
- No sé- Paco miró de reojo- Me parece que fue al pobre Jeremías… Qué lástima. 
El río comenzaba a calmarse, las traslúcidas aguas llevaban al estrecho valle que una vez les vio nacer. Ambos reconocieron de inmediato su antiguo hogar. 
-¡Paco mira! Allá están las piedras blancas donde te conocí. 
-Sí, éramos tan pequeños en esos días, ¿Te acuerdas? 
-Ay Paco, como voy a olvidarlo. Aquí me regalaste el primer camarón de ese invierno. 
El sol se ocultaba en el horizonte. Lentamente llegaba el resto de la numerosa familia y los machos comenzaban a agitar el fondo lleno de piedrecillas para que las hembras dejasen allí toda su prole. Paco y Olga se miraron en silencio. 
-Y bien… ¿No vas a empezar? Olga bajó los ojos hacia el gravoso lecho del río. 
-Esperaba que tú me lo pidieras, ¿Empiezo a limpiar la cuna mi reina? 
-Si mi vida, Pero quita bien esas piedras negras que no me gustan, quita esa también Paco. No dejes piedras de rayas que los chicos nacen pálidos, quiero que nuestros hijos sean tan rosados y hermosos como tú y yo. 
-Pues bien ¡Aletas a la obra!


FIN