viernes, 30 de noviembre de 2012

EL PERRO MUERTO

El perro amaneció tirado en la esquina, a pocos metros del ambulatorio del seguro social. La vendedora de café y revistas de la acera de enfrente fue la primera que lo vio y rápidamente echó a correr calle arriba para avisar a sus comadres: 
–Negra, Gregoria, vénganse conmigo. Acaban de encontrar a un perro muerto en la acera del cobre. 
–¿Cómo? Qué desastre... Mi nieto vende fruta en esa calle. Ahora tendrá que esperar a que venga el camión de la municipalidad y se lo lleve. 
  –Si claro-Una vieja rezongó malhumorada- Y mientras tanto esto se va a llenar de policías, cierran la vía y la gente no pasa por acá por andar averiguando. ¡Así no vendemos nada comadres!
  –¡Vamos a ver si lo arrean ligero! 
La esquina comenzó a llenarse de curiosos, unos pasaban de largo por la calle sin notar la presencia del cadáver ennegrecido y cubierto de harapos, otros se detenían y murmuraban: 
  –De que habrá muerto el pobre... 
 –¿De que va a ser?- un hombre dijo con presteza-de borrachera y droga, tanta piedra que fumó le colapsó el culo. 
Todos a una comenzaron a reír, en ese momento llegó el camión de la alcaldía y los curiosos callaron. 
 –A ver López -un funcionario gordo y de pronunciada calva  bajó del vehículo y comenzó a mandar –Saca la carretilla para montar a este negrito sin perder tiempo, hoy tenemos mucho trabajo.
 –Mira que venir a morirse este infeliz en pleno centro-El cuerpo se desmigajaba en la carretilla, despidiendo el hedor característico de los indigentes. El gordo exclamó:
 –Como apesta este tipo. Arranca López, vámonos que para luego es tarde. 
El camión se alejó y la gente comenzó a dispersarse. Solo una señora se quedó en el lugar, mirando la acera donde murió aquel desconocido durante la noche. 
 –Quien sabe si tenía familia –la mujer murmuró para si– no es justo morir de esa manera. Era un ser humano, no un animal. Que Dios nos perdone.

martes, 27 de noviembre de 2012

LA SERENATA


En el poblado del Guaral, lejano caserío ubicado en las frondas del cerro Montecristo, la noche transcurría con la serenidad de siempre. A veces rompía el silencio el ladrido de algun perro y el aleteo de los insectos en el aire, pero salvo esos leves sonidos que en nada perturbaban el sueño de las gentes, nada pasaba de extraordinario en la noche, llena de vientos, zancudos y luciérnagas. 
La ventana de la casa mayor, justo al principio de la plaza del Guaral, estaba abierta de par en par. La casa mayor la llamaban todos, porque allí vivía el alcalde del pueblo, Don Severino Palo de Agua, junto a su esposa, Gardenia Caracol y su hija, Mercedes del Valle, llamada Mercedita por sus amorosos padres. 
Todo el pueblo dormía plácidamente, bueno... casi todos. 
Al fondo del largo callejón que daba a la encrucijada; al extremo opuesto del pueblo, se comenzó a escuchar el rumor de muchos pasos. A medida que pasaban los minutos, ya cercana la medianoche, el rumor se acercaba por la plaza y las voces se escucharon con claridad:

-No juegue Cristóbal, a ti solo se te podía ocurrir venir al Guaral a esta hora, con este frío tan arrecho, nomas a cantarle una serenata a Mercedita. 

-Yo se lo prometí primo, "a las doce me traes la serenata" así que no se ponga con vainas y acompáñeme, que ya el mariachi está dispuesto. ¿Todos tienen su sombrero? 

-Todos patrón-El director del mariachi susurró mientras espantaba los insectos que se le metían en el gastado traje-en cuanto usté diga nos jalamos pa la ventana de la siñora. 

-Coño Cristóbal- el primo no disimulaba su preocupación-Si nos sale Don Severino se nos va a joder la serenata. 

-Pues que se joda, pero yo se lo prometí a Mercedita-Cristobal suspiró enamorado-No quiero que piense que soy un bolsa. -Vamos muchachos, todos pa la ventana y ya saben, llegamos y arrancan tocando "la negra". 

-Nosotros nos sabemos también "la cucaracha" patrón. 

-Que cucaracha del carajo chico. Ustedes tocan lo que les dije, !Vamos! 

Ya muchos en la calle estaban asomados en las ventanas por la sonora cantaleta de los músicos y los perros alborotados ladrando por la calle. Los mariachis llegaron al pie de la ventana de Mercedita, y comenzaron a cantar:

"Negrita de mis pesares 
hojas de papel volando 
A todos diles que si 
pero no les digas cuando 
así me dijiste a mi 
por eso vivo penandooooo".

El estruendo fue tan grande que se encendieron una por una todas las luces del Guaral y Cristobal, trepado en el postigo para besar a la novia, se quedo con la boca abierta cuando salió la muchacha en dormilona por la ventana y dijo:

-Cristóbal, corre mi amor !Que papá ya sale con la escopeta!

-!Tú me dijiste que viniera mi vida!

- Siii, pero te dije al mediodía, no a esta hora. !Corre coño! 

Cuando sonó el primer escopetazo ya los mariachis habían pasado de largo la encrucijada. Se rompió una guitarra y los perros se comieron un sombrero de charro, pero nadie salió herido gracias a Dios. 

Seis meses después se casó Cristóbal con su adorada Mercedita en un fiestón que celebró el pueblo entero. 
Y el mismo mariachi tocó en la fiesta de los novios, con trajes nuevos hechos a la medida y un guitarrón Veracruzano que les regaló el Señor alcalde.