jueves, 6 de diciembre de 2012

UN GESTO DE AMOR


    Hoy, justamente hoy se cumple un año de ese día. 
No fue fácil ver a Carlos hacer las maletas en silencio, ir pausadamente guardando todas sus cosas en el coche, ponerse la chaqueta de cuero marrón que le regalé dos años atrás y decirme con su característica expresión de suficiencia: 
-No vayas a dramatizar las cosas, Delma. Tú y yo sabíamos que me marcharía de aquí tarde o temprano. 
No le respondí. No le daría el gusto de verme gritar o expresar mi dolor mientras se iba a vivir con otra sin ningún aviso ni mayores explicaciones. 
 
-No veo a Gaspar-Carlos comenzó a buscar a su adorado perro-Gaspar, ¡Ven con papi!
 
Hasta en su ridículo afecto por ese perro era un hombre amoroso. Mientras más lo llamaba, -agitando impaciente las llaves de su auto, -más me sentía como una insignificante mierda.
El perro no aparecía, no estaba en la sala, ni en la cochera, ni en el patio donde tanto le gustaba  correr para hacer agujeros en la tierra y perseguir saltamontes. 
Después de casi una hora buscándole, al fin se dio por vencido diciéndome al abrir la puerta de la casa: 
-El lunes vendré a llevármelo, adiós Delma. 
-Qué hijo de puta... -apenas entreabrí los labios para responderle. 
Él no me escuchó, ya se había marchado. 
 
Recuerdo que ese día, cuando Carlos se fue de la casa, me quedé parada en la sala durante horas viendo la puerta como un zombie. 
Cuando reaccioné, miré las botellas de bourbon del bar y sin más, empecé a beber. Solamente borracha comienza una a llorar por todo y por nada.
Desperté en el suelo, era de noche y la casa estaba totalmente a oscuras. 
Fui hacia la habitación; me dolía horrendamente la cabeza. Tenía el cuerpo pegajoso, estaba toda llena de vomito y sudor. 
Cuando abrí la puerta del cuarto, quedé paralizada. 
Allí estaba el adorado perro del cabrón que me abandonó con el mayor cinismo. Sentado sobre la cama, mirándome fijamente; el perro labrador de mi ex marido no se movía, solo me miraba en silencio. 
No me aguanté, le lancé la lampara de noche y le di justo en la cabeza. 
El perro aulló de dolor, y un hilo de sangre cayó por su oreja derecha. Pero en vez de correr o ladrar, Gaspar se acurrucó sobre la cama y me siguió mirando fijamente. 
No sé que me pasó... no tuve fuerzas para echarle e inmediatamente me arrepentí de haberlo golpeado. Me desvestí, me di un baño y me acosté en la cama. 
El perro se acomodó a mi lado, todavía sangraba. 
Tomé la funda de la almohada de Carlos, destapé un frasco de alcohol que estaba en la mesa de noche; y muy lentamente, Gaspar y yo comenzamos a curarnos las heridas. 
 
Hace un año de aquellos días tan confusos
Voy saliendo al mercado a comprar todo para la cena, los amigos vendrán en la noche. 
A Gaspar le he preparado un pastel de carne para él solo. 
Ni que decir tiene que jamás se lo devolví a su dueño, ni el perro ni yo le quisimos de vuelta en nuestro dormitorio. 

4 comentarios:

  1. maravilloso y real relato lo disfrute!

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  2. Hay que corregir mucho y las líneas de después de los asteriscos sobran.

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  3. jajajjaja, genial Emi,me emociono con solo ver un perro en la cama. Tego una labradora en Asunción que se encariñó con mamá por eso renuncie a ella. El cuento me lo tomaré como un regalo de navidad a esta amiga del lejano Paraguay que te quiere mucho. Gracias querida. <3
    Victoriaa López

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  4. Gracias. Entiendo que debo corregir. Hasta ahora he eliminado una cantidad de redundancias que tenía. lo de los asteriscos... no se a que te refieres.SALUDOS.

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