viernes, 12 de octubre de 2012

MYRNA

No hay otra cosa en mi mente desde esta mañana.
Myrna siempre se levanta antes de las seis para preparar el desayuno. Cuando apenas comienzo a estirarme en la cama al sonar el despertador a las 6.30, ya ella está lista para salir, mirándome risueñamente mientras tintinea las llaves de su auto: 

-Apúrate, o me voy yo primero. 

A las 7 a.m. Myrna enciende el televisor y sintoniza el canal de noticias. El olor del café recién hecho se siente en toda la casa; luego de darme una buena ducha y cepillarme los dientes, me visto y voy a la sala. 
En la mesa desplegable está servido nuestro desayuno: huevos, jamón, pan y mermelada con jugo de naranja, todo primorosamente dispuesto antes de irnos a trabajar. 
Myrna sonríe mientras me siento y me da un beso de buenos días, termina su desayuno cuando yo comenzo a comer.

-Apúrate. No puedo llegar tarde hoy al trabajo.

Hace un año atrás nos conocimos en un museo. Lo que comenzó cómo una conversación de dos aficionadas sobre pinturas del renacimiento fue animándose hasta finalizar en una temeraria invitación a comer que ella aceptó encantada. Desde aquel día no volvimos a separarnos. Un año con tanta dicha, pasa demasiado rápido. La verdad, no pasa. 

-Tengo que irme, amor. Termina tu desayuno. -Myrna tomó su  bolso, sus llaves y me lanzó un beso desde la puerta. 

Aplasté los puños contra la mesa. El vaso de Myrna cayó al suelo y se hizo añicos, rompiendo el silencio.
Miré el reloj. Son las 9.30 de la noche. Las sienes me palpitan horriblemente, debo llevar muchas horas mirando el suelo. 
Toda la casa está a oscuras, no me importa. La oscuridad y la quietud me ayudan a recordar.
Es difícil aceptar que Myrna no volverá.
Hoy en la mañana, cuando llegaba a su trabajo un desconocido le disparó.
Necesito cerrar los ojos, puedo escucharla mejor ahora.

-Me voy yo primero, amor. ¡Besos! 

No hay comentarios:

Publicar un comentario