jueves, 10 de mayo de 2012

LA ARAÑA DE ASUNCIÓN


 Era muy temprano en Las Cabreras cuando Asunción Velazquez se puso las peinetas de carey en el cabello, se acomodó el vestido y la cartera, se metió el tabaco en el sostén y agarró por el brazo al menor de sus muchachos para irse a la casa de su madrina Mercedes Guevara a jugar cartas.   
  Asunción vivía en un pueblo donde las ocupaciones de toda mujer de su casa estaban limitadas a limpiar, rezar, coser, bordar y tener muchachos. Como buena esposa y madre ella siempre cumplió con sus deberes en el hogar, pero no había mayor felicidad que la llegada de los jueves, día de jugar cartas desde que salía el sol hasta que se ocultaba.  
  El menor de los hijos de Asunción se llamaba Jesús, apodado Chuito. Con 3 años de edad, Chuito era un niño travieso y correlón que aprovechaba la afición de su madre los jueves para correr a sus anchas y jugar todo el día.   
  Asunción entró a la casa y saludó a su madrina, echó una mirada a los santos de la sala y se santiguó pidiéndole a Dios dejar en la ruina a todas sus rivales. La mesa de jugadoras ya estaba llena y solamente esperaban por ella Lorena, Crucita y Mercedes. Así comenzaron a jugar.  
  Asunción no ganaba una sola partida, estaban las cartas pesadas o quizás un espíritu burlón quería hacerle una jugarreta. Las compañeras de mesa se reían cada vez que ganaban y ella se quedaba muda viendo como su dinero se iba sin remedio a las carteras de sus amigas.   
  Chuito corría y sus gritos empezaron a fastidiar a la madre que en voz baja le dijo:   
  -Quédate quieto Chuito, que va a venir la araña. 
  Las mujeres la miraron extrañadas pero no dijeron nada y continuaron la partida. De nuevo se escuchó el tropel del niño y Asunción levantó la voz, más amenazante y agorera: 
  -Deja de joder mijo querido ¡que viene  la araña y te pica!  
  El muchacho hizo caso omiso de las advertencias. De pronto se escuchó el estruendo de la silla cuando Asunción se paró como una energúmena, se levantó el vestido y sin ropa interior que la molestara, empezó a correr detrás del pobre muchacho gritando: 

  -¡¡La araña, la araña!!! ¡¡Te pica la araña!! 

 El escándalo que se formó ese día lo supo todo el pueblo de Las Cabreras. Asunción Velazquez con el vestido arriba y sin pantaletas enseñándole la araña al hijo muerto de miedo que lloraba porque la araña lo picaba. 
  Pero bien valió la pena que la araña saliera, porque cuando se volvió a sentar a jugar se desató Asunción a ganar y las peló a todas. Cuando se marchó a su casa todas escucharon como le decía a Chuito con dulzura: 

  -Ya sabes mijo querido, no vuelvas a echar vaina en casa ajena porque te pica la araña. 

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