jueves, 19 de abril de 2012

AGONIZANTE


Me molestan las luces cuando manejo de noche, por eso voy despacio en carreteras oscuras.
No despegaba los ojos del camino ni se me ocurrió mirar el reloj, solo contaba las líneas blancas e intermitentes que me señalaban el rumbo a casa, mis manos aferradas al volante,
mis ojos mirándote al final del horizonte. 
Frené bruscamente al ver un gato tirado en medio de la carretera. Me estacioné a un costado de la vía y retrocedí a cierta distancia para con las luces altas poder verle de cerca. 
Se veía muy maltrecho, recién atropellado por algún taxista.
El animal convulsionaba de dolor; en su temblor agonizante me miró fijamente y me congeló el terror al escuchar tu voz desde el infierno: 

–Volverás, algún día tú volverás. 

Volví al auto y me lancé a correr, desesperada por alejarme de una muerte que no se cansó de pronunciar mi nombre.



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