domingo, 8 de enero de 2012

CELESTE BOHEMIA



   El día que Celeste Linares ganó su primer concurso de poesía perdió la vesícula por  encargo. El poeta que obtuvo el segundo premio la esperó a la salida de la bohemia y sin mediar palabra le clavó tres puñaladas en el abdomen. La cuenta del hospital donde milagrosamente salvó su vida dio justo el monto del premio que a punta de talento se llevó en la bohemia. 

   Hay hombres que siendo ganadores son una mierda, pero se ponen peores cuando pierden.

   El dulce poeta que la acuchillo ese día, años después ganó una bienal de noveles poetas. Se murió de viejo, borracho de puñales de cariño.

   No se puede pedir más por un poema, antes y después del carnaval la vida sigue igual de disfrazada, Igual de simiesca. Celeste, la del rostro pleistoceno, poeta  gorda y solitaria, desde pequeña se paraba en la puerta del prostíbulo donde su madre trabajaba, metida a duras penas en su vestidito verde, vendiendo estampitas de San Judas Tadeo a las putas del bar.

  -Ande señora, lleve su estampita de San Judas, patrón de los imposibles.

   Comenzaban a llegar al bar las putas de celeste, las diosas que todavía rezaban pidiéndole a San Judas Tadeo les cambiaran las sucias  almohadas, el sabor de los besos, ese orgasmo que jamás llegaba y el hombre bueno que jamás conocieran.

   Las putas sonreían… Igual compraban la estampa del santo y mientras trabajaban lo miraban,  le pedían en silencio, debajo de machos duros con sudores porcinos y crucifijos en la punta de los  penes, resollando hambre.

  -Dale duro papito así, dale San Judas…. que se termine pronto esta mierda.

   Celeste salió del hospital con una cicatriz que le atravesaba  la barriga y el destino, más pobre de lo que llego, más verde de lo que fue, crisálida de un sinfín camino a ninguna parte, más gorda y solitaria que un caracol del pleistoceno. Nunca más quiso volver a escribir poemas.

   Nunca más quiso bohemias celestes.


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