miércoles, 24 de agosto de 2011

EL ASEO



Jueves, 11 de la noche, calle Córdoba. 
Hacia demasiado calor... un calor que quedo pegado en el asfalto como un barniz después de todo un largo día de sol asfixiante.
Grecia caminaba lentamente de un lado a otro, mirando al suelo obstinadamente. Las horas pueden ser eternas cuando quieres fumarte una pistola y no llega ni un solo cliente para salvarte.

–¡Que noche tan ñera! Y yo aquí, sola en la calle más sucia que puede haber.

  Las amigotas de correrías nocturnas pasaron en un reluciente deportivo gris y se detuvieron ante ella.

  –Loca vente, ¡nos vamos de rumba al hotel!

  Grecia sonrió entusiasmada ante la oferta que salvaba su aburrida madrugada . Al acercarse al auto sonó el disparo.
   El impacto la tiró al piso boca arriba. Del ojo izquierdo de Grecia salió un limpio surtidor de sangre que bañó la solitaria esquina.

  Amanecía. Comenzaron a llegar las máquinas del aseo municipal, que tanta falta hacen.

EL METRO

La estación del metro es un caos. La presencia de las horas pico que todo se lo llevan por delante. La gente, sus rostros deformes, cráneos urgidos al caminar buscando llegar a casa.

Magaly se atrinchera en un rincón del vagón, temerosa de que más cuerpos secos la rocen. Un silbido breve se escucha... las puertas automáticamente se cierran, el tren avanza.


Solo bastan dos minutos... dos minutos para que los ojos de las doncellas de Marte se abran. Magaly parpadeó y miró a su alrededor. El mundo conocido había muerto.

El campo del iris se llenó de geranios, con el bestial aroma de los brazos que le daban la bienvenida.

Y los ojos del dios comenzaron a bañar sus entrañas, dejándola desnuda y dormida.

Empezó a sonreír cuando sonaron las sirenas anunciando la llegada a la estación siguiente.

lunes, 15 de agosto de 2011

CAYA Y LA NOVELA

  Juan Griego, Calle Miranda. En la solariega casa de Caya Rosales el silencio era la voz de todos los días. El silencio de los años, esa calma que tienen los rostros de mujeres muy especiales que las hacen lucir aún más hermosas de lo que naturalmente son.
El rostro de Caya era una fuente diáfana de expresividad, tan transparente como sus ojos sin vida y su mundo pequeño, hecho a la medida de una mujer que debía tener todo al alcance de la mano. A sus ochenta y nueve años, totalmente ciega por la catarata, Caya guardaba para su ancianidad dos tesoros de incalculable valor: Su cajita de tabaco trenzado y sus novelas por radio. Las dos cosas que jamás habrían de faltarle en una vida repleta de nietas y recuerdos.

-Meña mija, dime que hora es.
-Máma, son las once y cinco de la mañana, ¡ya faltan diez minutos!
-Apúrate mija. Prende el radio y me arrimas el mecedor bien cerquita para oír bien.
- Si máma... ¡Vente que ya va a empezar!

Poco a poco, llevándola suavemente del brazo hacia la humilde salita, la nieta acomodó a la anciana en la mecedora al lado del radio empotrado en antiquísima madera de caoba, la enorme reliquia familiar que a todo volumen anunciaba el comienzo de la novela estelar por la única estación de radio que se escuchaba fielmente en la casa.

- Mija, en que fue que quedó ayer la comedia...

-¡Ay máma, acuérdate! Terminó justo cuando el bandido del Cornelio Moronta le robó los papeles de la herencia a Leonor para obligarla a que se case con él.

- ¡Ay si ya me acordé! Caya comenzó a emocionarse viendo claramente la escena en medio de las sombras. -Qué hombre tan perverso. ¡Una mujer jamás debe poseerse por la fuerza!
Comenzaron los comerciales anunciando las nuevas hojillas de afeitar de acero templado que solo costaban medio real, la pasta de dientes con flúor y sabor a menta, toda una novedad para gentes que en su vida supieron lo que era ir al dentista.
Caya se apretó las manos de la emoción cuando por fin, el locutor anunció con la teatralidad de las estaciones radiales:

"Y ahora... la novela que tiene en vilo el corazón de las mujeres: VIRGEN DE ALMA"

-Máma ¿quieres que te traiga la comida ya?

- ¡No mija, cómo se te ocurre! Ahorita no me traigas nada. Oye... Ese bandido, ese canalla del Cornelio Moronta quiere perjudicar a esa pobre muchachita. ¡Virgen del Valle, mete tu mano!

Meña sonreía viendo cómo su abuela Caya se indignaba ante la etérea villanía de los personajes noveleros. Solo agregó para que se entusiasmara más:

-¿Quieres café, mi abuela?

- Ay si, mija querida. Tráeme café, ¡Que ya Leonor le dio una cachetada a ese mampleto defendiendo su honra!

Caya vivía con un realismo enternecedor las escenas de una novela de radio que solo duraba treinta minutos. Suyas eran las frases de amor, los besos imaginarios, las voces de historieta que la llevaban a través de valles y montañas, ríos y praderas, un mundo que hacía más de veinte años no pudo volver a ver. 
Caya apretó las manos con impaciencia al oír la tétrica voz del malvado de la historia:

"¡Serás mía Leonor Alvarado! O perderás para siempre la hacienda los Guayabales"

Y Caya saltó del sillón para responder al villano, objeto de toda su antipatía:

- ¡No te dejes agarrar de ese afrentoso, Leonor!, ¡Virgen Del Valle, ayúdala!

En la parte culminante de la imaginaria disputa por la virginidad de una mujer, sonó la fanfarria que dejaba a Caya con la boca abierta, su rostro lleno de sorpresa, sus ojos sin vista irradiando una luz enceguecedora.

"Y mañana... el desenlace de la historia que ha llegado a lo más profundo de sus corazones. VIRGEN DE ALMA!"

-Ay, ya se terminó la comedia. Será hasta mañana que sepamos que va a pasar con esa pobre criatura. Apaga el aparato, mija.

Meña le puso en las blancas manos el tazón de café caliente, que Caya bebió a pequeños sorbos. Al terminarlo dijo a la nieta que esperaba amorosa:

- Ahora si, tráele la comida a esta pobre vieja.

Ya era mediodía. Desde el patio abierto, ráfagas de brisa traían el aroma de las flores de semeruco, la dulce cerecita del oriente que perfumaba toda la casa. Caya lentamente tanteaba el plato y comía los pedazos de pescado y la tela olorosa a maíz tierno, con grato sabor a orilla de la playa.

Comía con los ojos cerrados, sonriendo. Caya siempre sonreía imaginando todo lo que iba a suceder en el capítulo de la comedia del siguiente día.

jueves, 11 de agosto de 2011

EL HIJO DE SAN JONÁS




En la medicatura de San Jonás mártir se formó el zaperoco del año un Lunes, cuando nació el primer hijo de Filomena Govea.
  En un pueblo donde la negrura abunda como las piedras del río y los ojos negros lo primero que se le ve a un muchacho recién nacido, el vástago de Filomena llegó al mundo blanco como la leche y con los ojos azul cielo.
  Azul se puso el doctor, la enfermera, los vecinos, el marido, el alcalde y las viejas lengua larga de un pueblo demasiado pequeño y caliente. Todos a una miraron al único par de ojazos que conocían, tan azulitos como el añil de 2 centavos....
  Atanasio, el cura del pueblo.
  Atanasio, párroco del pueblo desde hacía más de diez años. llegado de la península ibérica con tan solo su juventud y una maleta de cuero gris por todo equipaje. En una década hizo suyas las almas de los fieles pueblerinos y el corazón de sus ingenuas mujeres.
  La ráfaga de chismes y comentarios no pasaron de largo por la puerta de su iglesia, calladamente conservó la calma y espero a que la divina providencia le dijese que hacer para salir del embrollo en que se había metido.
  Y todo por andar dándole catecismo a Filomena en noches azules de luna creciente, en una sacristía plagada de santos cómplices.
  El día domingo el curita Atanasio se puso su sotana roja de gala y se preparó a celebrar la misa. la iglesia se llenó hasta la empuñadura de fieles, averiguadores y chistosos, todos esperando que algo bueno sucediese.

  El cura sabía que lo iban a encarar, que la tardanza era que llegase el ofendido marido, machete en mano, para que su adorado ministerio terminase. Con voz pausada y sudando a mares comenzó:
-Antes de celebrar los sagrados misterios reconozcamos...
-Diga de quien es el muchacho padre!!
-Nuestros pecados...
-Ande padre diga!!
-Yo confieso, ante Dios todopoderoso...
-Diga padre de quien es el muchacho!!!
 -Y de quien va a ser hermanos míos- replicó suavemente Atanasio- Es hijo de San Jonás Mártir. Es el hijo de nuestro santo patrón y un milagro de Dios todopoderoso!! Tráiganlo mañana para bautizarle y dar inicio a las fiestas patronales de nuestra comunidad!
  Ni que decir tiene que el pueblo entero se olvidó de hacer más preguntas. Solo quedaba espacio para la fiesta y el aguardiente que correría a cántaros en los próximos días.
  Al niño lo bautizaron en medio de una algarabía popular que duro más de una semana. Hasta el mismo Atanasio, el apacible curita español, en silencio daba gracias a San Jonás por salvarle el pellejo y la sotana.
  Así decidió solemnemente Atanasio en sagrado secreto de confesión, seguir sembrando la semilla de Dios.
  En los siguientes años, brotaron de lo más profundo de mi tierra, en cada rincón de mi América mestiza, miles y miles de hijos e hijas de San Jonás Mártir. Los hijos bellos de mi continente adornado de leyendas e historia. De negros cabellos al viento ondeantes, de piel blanca y tersa.
  De ojos cristalinos y limpios que brillan como estrellas... en noches sin luna.