lunes, 21 de noviembre de 2011

GRITO


Caminaba muy de prisa por la calle, iba retrasada.
Llevaba en la mano un cigarrillo, entre mis pasos y el humo tuve un acceso de tos. Esperaba de un momento a otro ver la puerta del hotel. 
Yo andaba como esas mujeres vendedoras de amor, con el maquillaje corrido, con cara de payaso.
Llegué, toqué dos veces y dije:

–Servicio de cuarto por favor.

Escuché un confuso sonido de voces, la noche comenzó a menear caderas.
Saqué el arma que llevaba bajo la blusa, la entregué al portero, entré al living.
Allí estaba ella, esperándome.
Me abrazó, muerta de risa. Fuimos a su cuarto.

Afuera se escuchaba el grito de apareamiento de los hombres.


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