sábado, 24 de septiembre de 2011

COLUMBA Y CRISTO GALLARTE

En el pueblo de El Tirano, Columba Maneiro era la moza más agraciada. Su belleza dejaba pasmados a los capucos de la salina que se escondían presurosos cuando ella pasaba caminando y meneando las caderas con donaire. Todos los muchachos la codiciaban en silencio, pero su padre, Ernesto Maneiro, celosísimo guardián de la muchacha, no permitía que ningún joven se le acercase.
Columba estudiaba corte y costura. En sus planes estaba montar un taller  para hacer los más bellos vestidos domingueros que algún día lucirían todas  las distinguidas viejas de El Tirano. Dulce, temerosa de Dios, buena hija como ninguna, todos los domingos era la delicia del pueblo que ansiosamente se apelotonaba a la entrada de la iglesia donde religiosamente iba en compañía de su padre.
El domingo que le cambió la vida a Columba cayó como un centellazo en pleno rosario de resurrección, cuando miró de frente los ojos verdes de un adonis surgido de la espuma, que fijamente la miraba en la puerta de la iglesia y que la fulminó de amor en un instante.

  -Goyita, negra- dijo a la prima que estaba sentada a su lado.- ¿Quién es ese?

  -Pues quien va a ser Columba -respondió la prima encogiéndose de hombros. -El hijo de Asunción, Cristo. Llegó ayer en la mañana de Trinidad.

  -Dios... -Columba susurró- ¡Ese yaguarey me lo como así me puye!

Los siguientes días fueron una sucesión de eventos desafortunados. Besos escondidos en la plaza, gritos y jadeos en lo oscurito de la playa. Una bolsa de ropa escondida debajo de la cama, una fuga romántica en brazos del amante en la madrugada y un infarto del padre amoroso que armado de una escopeta gritaba en medio de la calle antes de caer fulminado:

-De mi reino saliste, Columba Maneiro, ¡por puta y malagradecida!

Al viejo lo enterraron en medio de una marejada de llanto y chismes por doquier. Lo que más se escuchaba en pleno velorio aparte de lo bello que era Cristo Gallarte eran las típicas voces agoreras:

-¡Mira mijita! Esos amores están malditos desde la hora en que la hija mató al padre del disgusto. ¡Tan asiá!

-Cállate, boca abierta, ¡Si tú andabas detrás de él también!

Columba se fue a vivir con Cristo en la casa de la suegra, se casaron calladitos en la prefectura de El tirano sin mayores preámbulos. Por la iglesia no lo hicieron pues francamente no pudieron, el cura dejo de hablarle a Columba y se buscó otra devota que le llamara fieles a su misa dominical.
Pasaron los años, pasó la juventud y la belleza se disuelve en vapores de fantasía. El sexo desaforado que tanto los unió poco a poco fue decayendo hasta desaparecer un día y ni como recuerdo quedó. Cristo que era un joven trabajador se dedicó a envejecer bebiendo ron todos los días. Columba desapareció en un mar de carne y gordura. Al final lo que era la pareja más bella de El tirano degeneraron en un sapo beodo y una valkiria vengadora.

¡Cuántos besos se mandaron al cipote!. El Tirano goza todos los Domingos con los escándalos de una Columba monumental sacando a carajazo limpio del bar del pueblo al pobre marido, que otrora fuera el más bello de los hombres.
De cristo ni siquiera quedaron los clavos. De las ardientes frases de amor solo ha quedado el cansancio y el triste cuadro de un pueblo muerto de risa viendo a una mujer obstinada del amor meter la cabeza del infeliz marido en una olla llena de sopa, diciéndole:

-¡Y pensar que lo dejé todo por ti, desgraciado!. Ahógate con ese corocoro, muérgano.


NOTA: Corocoro: Pescado.           Capuco: Cangrejo           Yaguarey: Fruto del cardón. espinoso y muy dulce.    

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