miércoles, 24 de agosto de 2011

EL METRO

La estación del metro es un caos. La presencia de las horas pico que todo se lo llevan por delante. La gente, sus rostros deformes, cráneos urgidos al caminar buscando llegar a casa.

Magaly se atrinchera en un rincón del vagón, temerosa de que más cuerpos secos la rocen. Un silbido breve se escucha... las puertas automáticamente se cierran, el tren avanza.


Solo bastan dos minutos... dos minutos para que los ojos de las doncellas de Marte se abran. Magaly parpadeó y miró a su alrededor. El mundo conocido había muerto.

El campo del iris se llenó de geranios, con el bestial aroma de los brazos que le daban la bienvenida.

Y los ojos del dios comenzaron a bañar sus entrañas, dejándola desnuda y dormida.

Empezó a sonreír cuando sonaron las sirenas anunciando la llegada a la estación siguiente.

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