viernes, 7 de octubre de 2016

BAUDELAIRE Y YO: Un pétalo del mal

Ayer recibí tu carta. La leí en las pausas de la borrachera que encontré en el fondo de una vieja botella de licor de almendras que alguien abandonó en una mesa, y por esas cosas de la empatía se vino en mi zurrón de cosas extraviadas de las casas vecinas.
Me pides una vez más que vaya de visita a tu pueblo y me quede unos días en el pequeño cobertizo al fondo de tu casa, donde podré escribir tranquila sin tropezar a cada rato con la cara de disgusto de tu mujer, a salvo de los niños, sus juegos, gritos y correrías. Me dices que tal vez así deje de pensar en la muerte y busque a dios como albacea de mis esperanzas y consuelo a mis pesares.
Amigo mío. Amigo Idiota. Siempre fuiste ambas cosas.
Al conocerme supiste casi de inmediato que nada conmigo hay que hacer, que nada significa para mí lo que en tu aburrida esquela me dices. Pero sigues rebelándote ante los hechos.
Amigo mío. Insensato. ¿Para qué me buscas? ¿Para qué insistes en salvar lo que no quiere salvarse?, ¿Para qué persistes de apartarme de mi destino, que siempre fue tan diferente al tuyo, tan diferente al de todos?, ¿Para qué metes a dios en esta lotería que es el vivir, si sabes que dios no entiende de felicidad para gente como yo?, ¿Por qué aferrarse al amor, al cariño, al hogar, a la prosperidad, si bien sabes que tales preces no se hicieron para mí, que no tendré jamás el regalo que tú disfrutas y conoces como dicha y suerte?
Me auguras parabienes, bendiciones y albricias; cuando tú bien sabes que no existen los milagros y no se anteponen los buenos deseos al poder de lo fatal y su fuerza inexorable. Insistes en ver triunfos y bonanza en mi existencia cosida a golpes, ahogada de vientos y tempestades, mustia bajo el rigor del hambre, la ruina y la desesperación. Entonces, dime: ¿Para qué he de esperar finales felices en mi sino sí, por orden de lógica y verdad, esos finales jamás han de cumplirse?.
Tú me conociste sola. Tú me viste correr en las aceras luchando por llegar de pie a la salida del sol de cada día. Tú me viste emerger de la sangre, la sarna, el semen, las mentiras, los golpes, el humo y la ceniza. Tú supiste que yo era algo más que una mujer sola, peleando en contra de la noche; cuello de todas las botellas, filo de todas las hojillas, limbo de todos los mares. Tú entendiste mejor que nadie que el pasado no me olvida. No esperes un destino diferente al que ya está marcado en mi frente desde el día en que nací. No luches por cambiar lo que escrito está.
Yo tengo para mí lo que la realidad implacable me asigna, me señala y me reserva. Tengo toda la maldad, toda la pobreza, toda la soledad, todo el desamor, toda la indiferencia, toda la infelicidad del mundo; que si algo más me faltase por obra de la divina providencia, la vida misma me la enviará en una hoja del otoño, como un broche en mi pecho, al término de todas mis desgracias.

martes, 1 de diciembre de 2015

EN EL PARQUE

Alguien dijo una vez–no sé quien–que en los parques recreativos la gente se sienta en las bancas no a leer, sino a recordar.

A esta hora el parque está lleno. La entrada de la calle que da a la glorieta está saturada de agua por el sistema de riego automático que sobrevuela el césped y forma un tímido riachuelo en la acera. Justo después del charco hay un asiento libre; allí me dete
ngo a disfrutar de la fría mañana y tomo nota de la gente que va y viene.

Me llama la atención un individuo gordo con pantalones a la rodilla que camina arrastrado por su perro, un gran danés de ojos amarillos y cola limpiaparabrisas.

Tengo a mano mi lápiz y mi bloc de notas. Escribo con rapidez un resumen sobre las penurias del hombre tratando de contener al inmenso animal que lo lleva de cabeza como remolque viejo, hasta detenerse a saciar su sed en la fuente central.

El hombre suspira de alivio mientras el perro bebe agua a placer.

A la izquierda diviso a una pareja mirando sus celulares y enviando mensajes de texto; mas allá una anciana alimenta a las palomas que llegan por docenas y se apoderan de su bolsa de maíz azucarado. Una mujer de cabello corto y manos pequeñas toma apuntes sobre un ejemplar de National Geographic, un niño salpicado de pecas juega pelota con su pointer inglés.

No tengo motivos para escribir, pintar, copiar o proseguir. No hay nadie a quien decir nada, y sin embargo, la fuente habla. Hay un poema en las aves ladronas de confeti. Hay un mensaje en un chip imaginario. Hay un pointer de mirada intensa y un niño que no nace, contando sus vidas.

El parque está solo, guardo mi bloc y mi revista.
Comienza a anochecer.
Si. La gente se sienta en los bancos a recordar.

miércoles, 6 de febrero de 2013

AMORES SALADOS

*
En una de las tantas vertientes hacia un océano cualquiera, donde lo salado se difumina en dulce y las aguas van tierra adentro, un par de salmones protagonizan esta historia:
-Olga, ¿No vamos a desovar esta temporada? Ya es tiempo. 
-No. ¡Qué descaro tienes Paco de pedirme eso! 
- Pero mi vida... ¿Por qué me hablas así mi reina?. 
-Qué reina ni qué carajo. Desde ya te digo que busques otra que te crea todos tus cuentos de río. 
- Ya te han venido con chismes Olga. Confiesa, te ponen en mi contra esas catalanas mentirosas y cuenteras. 
-Así es, ellas mismas fueron. Son mis amigas y me han abierto las agallas. 
-Harpías, ¿Que te han dicho? 
-Todo, me lo han dicho todo. ¿Que acaso creías que nadie se iba a enterar de la rochela que montaste en Jamaica revolcándote con esas sardinas resbalosas? 
-Mienten. ¡viejas lamparosas! 
-Sin insultos Paco, y perdona pero yo me voy. Hay que nadar corriente arriba y me canso mucho, pero en cuanto llegue te juro que le suelto el cargamento al primero que pase. 

El agua se agitó por el violento golpe de la cola de Olga, llena de indignación y rabia. Paco quedó cabizbajo mientras veía al pez de su vida perderse en la distancia.
Comenzaba la lucha por nadar contra una corriente donde morir es seguro y sobrevivir es improbable. 
                      
**
En el delta luminoso los bancos de salmones proyectaban una mancha rosada que poco a poco se adentraba en las aguas del caudaloso río. Paco nadaba entre miles de salmones que luchaban por subir la cuesta de unas aguas cada vez menos profundas e infestadas de peligro. Haciendo acopio de fuerzas logró adelantarse a todos y en pocos minutos reconoció la inconfundible estela que dejaba a su paso Olga, que ciegamente avanzaba por delante del banco de peces, solitaria y vulnerable. 
-¡Olga espera! No te adelantes que es muy peligroso ¡Espérame!
-Dile lo mismo a tus amigas las sardinas, no voy a escucharte más…
Paco miró horrorizado el inesperado zarpazo color marrón que rasgó en dos el velo del agua y lanzó a su amada contra el fondo. Momentáneamente aturdida Olga se paralizó ante la cercanía del oso pardo que se le echaba encima.
-Nada Olga, no pares de nadar ¡Que no te agarre! 
Paco no lo pensó dos veces y buscando las patas del oso se puso delante de sus fauces abiertas en una temeraria maniobra de distracción. El oso fijó su mirada en él, dispuesto a atraparle. 
-Paco mi vida, ¡en verdad me quieres! 
-¿Y todavía lo dudas? Solamente a mí se me ocurre hacer estas cosas, ¡Nada chica, que nos matan! 
El cardumen de salmones ya había invadido el recodo del río y el oso confundido no sabía de donde escoger, entre una y otra escaramuza el inmenso plantígrado salió del río con una presa entre los dientes. Paco y Olga lograron salvarse de milagro. 
-¿A quien se comió? Olga estaba sinceramente asustada.
- No sé- Paco miró de reojo- Me parece que fue al pobre Jeremías… Qué lástima. 
El río comenzaba a calmarse, las traslúcidas aguas llevaban al estrecho valle que una vez les vio nacer. Ambos reconocieron de inmediato su antiguo hogar. 
-¡Paco mira! Allá están las piedras blancas donde te conocí. 
-Sí, éramos tan pequeños en esos días, ¿Te acuerdas? 
-Ay Paco, como voy a olvidarlo. Aquí me regalaste el primer camarón de ese invierno. 
El sol se ocultaba en el horizonte. Lentamente llegaba el resto de la numerosa familia y los machos comenzaban a agitar el fondo lleno de piedrecillas para que las hembras dejasen allí toda su prole. Paco y Olga se miraron en silencio. 
-Y bien… ¿No vas a empezar? Olga bajó los ojos hacia el gravoso lecho del río. 
-Esperaba que tú me lo pidieras, ¿Empiezo a limpiar la cuna mi reina? 
-Si mi vida, Pero quita bien esas piedras negras que no me gustan, quita esa también Paco. No dejes piedras de rayas que los chicos nacen pálidos, quiero que nuestros hijos sean tan rosados y hermosos como tú y yo. 
-Pues bien ¡Aletas a la obra!


FIN


jueves, 6 de diciembre de 2012

UN GESTO DE AMOR


    Hoy, justamente hoy se cumple un año de ese día. 
No fue fácil ver a Carlos hacer las maletas en silencio, ir pausadamente guardando todas sus cosas en el coche, ponerse la chaqueta de cuero marrón que le regalé dos años atrás y decirme con su característica expresión de suficiencia: 
-No vayas a dramatizar las cosas, Delma. Tú y yo sabíamos que me marcharía de aquí tarde o temprano. 
No le respondí. No le daría el gusto de verme gritar o expresar mi dolor mientras se iba a vivir con otra sin ningún aviso ni mayores explicaciones. 
 
-No veo a Gaspar-Carlos comenzó a buscar a su adorado perro-Gaspar, ¡Ven con papi!
 
Hasta en su ridículo afecto por ese perro era un hombre amoroso. Mientras más lo llamaba, -agitando impaciente las llaves de su auto, -más me sentía como una insignificante mierda.
El perro no aparecía, no estaba en la sala, ni en la cochera, ni en el patio donde tanto le gustaba  correr para hacer agujeros en la tierra y perseguir saltamontes. 
Después de casi una hora buscándole, al fin se dio por vencido diciéndome al abrir la puerta de la casa: 
-El lunes vendré a llevármelo, adiós Delma. 
-Qué hijo de puta... -apenas entreabrí los labios para responderle. 
Él no me escuchó, ya se había marchado. 
 
Recuerdo que ese día, cuando Carlos se fue de la casa, me quedé parada en la sala durante horas viendo la puerta como un zombie. 
Cuando reaccioné, miré las botellas de bourbon del bar y sin más, empecé a beber. Solamente borracha comienza una a llorar por todo y por nada.
Desperté en el suelo, era de noche y la casa estaba totalmente a oscuras. 
Fui hacia la habitación; me dolía horrendamente la cabeza. Tenía el cuerpo pegajoso, estaba toda llena de vomito y sudor. 
Cuando abrí la puerta del cuarto, quedé paralizada. 
Allí estaba el adorado perro del cabrón que me abandonó con el mayor cinismo. Sentado sobre la cama, mirándome fijamente; el perro labrador de mi ex marido no se movía, solo me miraba en silencio. 
No me aguanté, le lancé la lampara de noche y le di justo en la cabeza. 
El perro aulló de dolor, y un hilo de sangre cayó por su oreja derecha. Pero en vez de correr o ladrar, Gaspar se acurrucó sobre la cama y me siguió mirando fijamente. 
No sé que me pasó... no tuve fuerzas para echarle e inmediatamente me arrepentí de haberlo golpeado. Me desvestí, me di un baño y me acosté en la cama. 
El perro se acomodó a mi lado, todavía sangraba. 
Tomé la funda de la almohada de Carlos, destapé un frasco de alcohol que estaba en la mesa de noche; y muy lentamente, Gaspar y yo comenzamos a curarnos las heridas. 
 
Hace un año de aquellos días tan confusos
Voy saliendo al mercado a comprar todo para la cena, los amigos vendrán en la noche. 
A Gaspar le he preparado un pastel de carne para él solo. 
Ni que decir tiene que jamás se lo devolví a su dueño, ni el perro ni yo le quisimos de vuelta en nuestro dormitorio. 

viernes, 30 de noviembre de 2012

EL PERRO MUERTO

El perro amaneció tirado en la esquina, a pocos metros del ambulatorio del seguro social. La vendedora de café y revistas de la acera de enfrente fue la primera que lo vio y rápidamente echó a correr calle arriba para avisar a sus comadres: 
–Negra, Gregoria, vénganse conmigo. Acaban de encontrar a un perro muerto en la acera del cobre. 
–¿Cómo? Qué desastre... Mi nieto vende fruta en esa calle. Ahora tendrá que esperar a que venga el camión de la municipalidad y se lo lleve. 
  –Si claro-Una vieja rezongó malhumorada- Y mientras tanto esto se va a llenar de policías, cierran la vía y la gente no pasa por acá por andar averiguando. ¡Así no vendemos nada comadres!
  –¡Vamos a ver si lo arrean ligero! 
La esquina comenzó a llenarse de curiosos, unos pasaban de largo por la calle sin notar la presencia del cadáver ennegrecido y cubierto de harapos, otros se detenían y murmuraban: 
  –De que habrá muerto el pobre... 
 –¿De que va a ser?- un hombre dijo con presteza-de borrachera y droga, tanta piedra que fumó le colapsó el culo. 
Todos a una comenzaron a reír, en ese momento llegó el camión de la alcaldía y los curiosos callaron. 
 –A ver López -un funcionario gordo y de pronunciada calva  bajó del vehículo y comenzó a mandar –Saca la carretilla para montar a este negrito sin perder tiempo, hoy tenemos mucho trabajo.
 –Mira que venir a morirse este infeliz en pleno centro-El cuerpo se desmigajaba en la carretilla, despidiendo el hedor característico de los indigentes. El gordo exclamó:
 –Como apesta este tipo. Arranca López, vámonos que para luego es tarde. 
El camión se alejó y la gente comenzó a dispersarse. Solo una señora se quedó en el lugar, mirando la acera donde murió aquel desconocido durante la noche. 
 –Quien sabe si tenía familia –la mujer murmuró para si– no es justo morir de esa manera. Era un ser humano, no un animal. Que Dios nos perdone.

martes, 27 de noviembre de 2012

LA SERENATA


En el poblado del Guaral, lejano caserío ubicado en las frondas del cerro Montecristo, la noche transcurría con la serenidad de siempre. A veces rompía el silencio el ladrido de algun perro y el aleteo de los insectos en el aire, pero salvo esos leves sonidos que en nada perturbaban el sueño de las gentes, nada pasaba de extraordinario en la noche, llena de vientos, zancudos y luciérnagas. 
La ventana de la casa mayor, justo al principio de la plaza del Guaral, estaba abierta de par en par. La casa mayor la llamaban todos, porque allí vivía el alcalde del pueblo, Don Severino Palo de Agua, junto a su esposa, Gardenia Caracol y su hija, Mercedes del Valle, llamada Mercedita por sus amorosos padres. 
Todo el pueblo dormía plácidamente, bueno... casi todos. 
Al fondo del largo callejón que daba a la encrucijada; al extremo opuesto del pueblo, se comenzó a escuchar el rumor de muchos pasos. A medida que pasaban los minutos, ya cercana la medianoche, el rumor se acercaba por la plaza y las voces se escucharon con claridad:

-No juegue Cristóbal, a ti solo se te podía ocurrir venir al Guaral a esta hora, con este frío tan arrecho, nomas a cantarle una serenata a Mercedita. 

-Yo se lo prometí primo, "a las doce me traes la serenata" así que no se ponga con vainas y acompáñeme, que ya el mariachi está dispuesto. ¿Todos tienen su sombrero? 

-Todos patrón-El director del mariachi susurró mientras espantaba los insectos que se le metían en el gastado traje-en cuanto usté diga nos jalamos pa la ventana de la siñora. 

-Coño Cristóbal- el primo no disimulaba su preocupación-Si nos sale Don Severino se nos va a joder la serenata. 

-Pues que se joda, pero yo se lo prometí a Mercedita-Cristobal suspiró enamorado-No quiero que piense que soy un bolsa. -Vamos muchachos, todos pa la ventana y ya saben, llegamos y arrancan tocando "la negra". 

-Nosotros nos sabemos también "la cucaracha" patrón. 

-Que cucaracha del carajo chico. Ustedes tocan lo que les dije, !Vamos! 

Ya muchos en la calle estaban asomados en las ventanas por la sonora cantaleta de los músicos y los perros alborotados ladrando por la calle. Los mariachis llegaron al pie de la ventana de Mercedita, y comenzaron a cantar:

"Negrita de mis pesares 
hojas de papel volando 
A todos diles que si 
pero no les digas cuando 
así me dijiste a mi 
por eso vivo penandooooo".

El estruendo fue tan grande que se encendieron una por una todas las luces del Guaral y Cristobal, trepado en el postigo para besar a la novia, se quedo con la boca abierta cuando salió la muchacha en dormilona por la ventana y dijo:

-Cristóbal, corre mi amor !Que papá ya sale con la escopeta!

-!Tú me dijiste que viniera mi vida!

- Siii, pero te dije al mediodía, no a esta hora. !Corre coño! 

Cuando sonó el primer escopetazo ya los mariachis habían pasado de largo la encrucijada. Se rompió una guitarra y los perros se comieron un sombrero de charro, pero nadie salió herido gracias a Dios. 

Seis meses después se casó Cristóbal con su adorada Mercedita en un fiestón que celebró el pueblo entero. 
Y el mismo mariachi tocó en la fiesta de los novios, con trajes nuevos hechos a la medida y un guitarrón Veracruzano que les regaló el Señor alcalde.